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viernes, 12 de noviembre de 2010

Paul McCartney en Argentina: no se puede pedir nada más...

Estar ahí, eso quería. Todavía me acuerdo la primera vez que escuché The Beatles en mi vida: estaba sentadito abajo de la mesa de mi casa en Viedma mirando dibujitos animados mientra mamá cocinaba. "Ah, mirá -dijo Má- Los Beatles". Y ahí estaban, dibujitos animados de los Fab Four corriendo cómicamente mientras huían de las fans, y frenando a cantar alguno de sus éxitos de la primera época en las situaciones más desopilantes. Al fin y al cabo eran sólo dibujitos animados, y al fin y al cabo yo era un nene.

Sé que a partir de ese día empecé a interesarme por la música. Ahí empezó todo, todavía lo recuerdo y pasó hace 25 años. No quedan dudas de que ese momento influyó en mi vida para siempre.

Y yo ayer estaba ahí. A 30 mts de un mito viviente que revolucionó la historia de la música para siempre. Porque hay que respetar el lugar de cada uno de ellos. Eran genios, sí, pero si Lennon fue la piedra fundamental, Harrison el eslabón perdido, y Starr el acople perfecto que hizo funcionar el engranaje, Paul fue todo lo que está en el medio. Macca fue quien, después de viajar a Francia y darse cuenta que disfrazándose podía pasar desapercibido entre la gente, volvió a Londres con la idea de crear un grupo de fantasía para que la banda se libere de sus invisibles cadenas y despilfarre todo su arte en un disco como Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Macca fue el responsable de que la mejor banda del mundo sepa aprovechar el momento justo para hacer click y empezar a construir música que sea capaz de transformar el pop en rock, y que permita que el concepto de música como mero entretenimiento madure al arte en su más puro estado. La música dejó de ser entretenimiento y pasó a ser arte a partir de una idea de este tipo. Y a partir de esa consigna, todo toma otra dimensión. 

Y yo ayer estaba ahí. A 30 metros de Sir Paul McCartney, en lo que fue, y no dudo en asegurarlo, el día más feliz de mi vida.

¿Cómo no va a ser el día más feliz de mi vida si de arranque el señor te apunta al medio del quore y, con precisión de cirujano, te lo agujerea con "Magical Mystery Tour"? ¿cómo que no si mi viejo grita como loco y mi vieja llora como nena con "All My Loving" y toda la beatlemanía descocada de principios de los 60? ¿cómo que no si Macca se sienta al piano y me hace llorar a mí con "The Long and Winding Road",  me dedica tanto a mí como a todos los enamorados que estábamos ahí la balada "My Love" y puedo abrazar a la mujer que amo mientras la escucho?

¿Cómo no va a ser el día más feliz de mi vida si pude saltar y gritar con mi hermano y la bonita de mi cuñada y dejar el alma tirada ahí con "Live and Let Die", "Helter Skelter", "Get Back" y la mismísima "Sgt Pepper"? ¿cómo que no si pude cantarle a Paul el coro eterno de "Hey Jude", y pude escucharlo casi cantarme al oído la preciosa "Yesterday"? ¿cómo no si a la versión más perfecta que jamás escuché de "Eleanor Rigby" la continuó con ese pedacito de cielo llamada "Something"? ¿cómo no va a ser el día más feliz de mi vida si el tributo a Lennon fue "A Day In The Life" -la mayor obra musical jamás creada por The Beatles- y el himno "Give Peace a Chance", unidas en una pieza que no voy a olvidar jamás en mi vida?

¿Cómo no va a ser el día más feliz de mi vida si vi en vivo a un beatle y cantó todas y cada una de las canciones que me hicieron persona?

Lo fue. Seguro. Y lo fue no sólo por eso. Lo fue porque el recital fue exquisito, porque tuvo la dosis emotiva remixada con rock aplanador; por el feeling entre público y el artista que asombró. Porque el tipo sabe hacerte sentir parte del show de tu vida. Porque él está arriba del escenario sabiendo lo que genera en vos, y vos te sentís parte de esa burbuja que no querés que explote nunca más.


Fue el recital de mi vida, escuchando la música de mi vida en el mejor día de mi vida... ¿qué más se puede pedir? Nada. Nada en absoluto. No se puede pedir nada más. 

domingo, 21 de octubre de 2007

El Disco Eterno | Soda Stéreo en Vivo, 20 de Octubre de 2007

Pasó mi sábado tan esperado y yo lo dejé pasar sin escribir para tratar de ser lo más objetivo posible. Redactar un post anoche recién llegado de River creo que hubiese sido muy empalagoso.
No creo que hoy cambie mucho, pero al menos la euforia ya se esfumó en parte y la inmensidad de Soda Stéreo en vivo ya se alejó un poco de mí.
No quiero hacer una descripción de tracklist ni mucho menos, pero es necesario aclarar que me pareció que en los primeros 45 minutos ya se habían quedado sin hits para tocar: lo bueno es que desde que empezó el show hasta que terminó tuve la misma sensación. La catarata de acordes ultra conocidos por todos hicieron del recital un mar de clásicos pegadizos (y no tanto) que parecía no tener fin, y cuando ya estábamos todos convencidos de que el final había llegado, el trío se despachó con un último tema como para terminar de noquearnos a las 60.000 personas que estábamos ahí.
Y eso que después en frío uno se da cuenta de los temas que no tocaron, que fueron también varios y muy queridos por los fanáticos.
Lo más sorprendente es la coordinación: pareciera que los tipos hayan estado ensayando durante años para este momento. Ni un contratiempo, ni siquiera un atisbo de desincornización, y mucho menos un acorde incorrecto. Una precisión asombrosa para un mes y medio de ensayo.
Si hay algo para reprochar no es precisamente por la calidad musical y artística del show, sino por una tendencia que parece que se extiende cada vez más en los recitales masivos: el campo embobado con filmaciones de celulares no despacha la exitación que solía despachar años atrás. Ahora que lo recuerdo me pasó algo parecido en el recital de U2, aunque no con los Stones. Seguro tiene que ver con el tipo de público que sigue a cada banda.
La puesta en escena fue realmente buena, aunque miento si no cuento que esperaba algo más. Quizá el estar algo alejado del escenario no me permitió contemplar las pantallas y la iluminación de una forma conveniente; cuando vea el DVD terminaré de sacar conclusiones.
Punto alto para la intensidad del recital. Sin breaks entre tema y tema y casi sin palabras desde el escenario hacia la gente, las canciones casi se enganchaban entre una y otra, marcando el timing del show de una forma inteligente y precisa: tres o cuatro canciones que la gente disfruta al máximo mechados con uno o dos que se sabía no iban a desatar locura en los fans. Sin duda una gran selección de canciones.
Y una anotación personal: de todos los recitales que tengo en mi vida siempre tuve la experiencia de ir a escuchar un tema en particular y que la banda no lo toque (el caso más trágico es "Muy Despacito" de Los Piojos, de las casi diez veces que los fui a ver en vivo nunca lo tocaron). Esta vez fue al revés: fui queriendo escuchar un tema que nunca habían tocado en vivo y lo hicieron... "son las seis, tus relieves me despiertaaan...". Al fin un poco de suerte.
Menos mal que dejé pasar un par de horas para escribir, sino esta entrada iba a ser sin dudas demasiado empalagosa.
Más info: Para ver la lista de temas pasá por acá