lunes, 4 de julio de 2011

Todo tuyo, River Plate...

Dejé pasar un poco más de una semana para ver si, de alguna manera ú otra, podía plasmar acá lo que me pasa con el amor de mi vida. Digo el amor de mi vida porque mis grandes alegrías, mis grandes decepciones, mis grandes tristezas y mis grandes sueños pasaron por River Plate. Y todo lo que eso significa.

No tiene sentido analizar la decadencia del club. No tiene sentido tampoco buscar motivos, o culpables, o razones. Todo eso es claro, los hinchas lo sabemos, los rivales también, los dirigentes más. No importa eso. Lo que importa es el sentimiento, importa River por encima de los responsables, o los culpables, o el descenso, o el ascenso, o los títulos.
Y River por encima de todo eso es River y sus hinchas. River y nosotros. River y vos. River y yo.
River es grande por su historia, pero más lo es por su gente. Por los tipos que lo sienten como lo siento yo, o vos, o ustedes. Por la gente que alentó en serio aún sabiendo que era imposible mantenernos en la A cuando iban 43’ y había que hacer dos goles… y lloró cuando quedamos en Promoción, y lloró cuando Belgrano metió el segundo en Córdoba, y lloró cuando Pavone erró el penal. La gente que llora River es la que lo hace grande. Porque es gente que también lloró con los logros históricos de la Banda. Las personas que lloran a River hoy y lloraron a River en los mejores momentos son los verdaderos hinchas que sufren en serio lo que le pasó al club.
Yo lloré varias veces por River. Lloré tirado cabeza para atrás en la entrada del garage de mi casa en Viedma gritando el 3 – 0 que metió Gallardo de penal en la Bombonera en el 94’, lloré cuando presencié en vivo el recibimiento más espectacular de la historia del fútbol argentino en junio del 96’ cuando River entró a la cancha para enfrentarse al América de Cali en la Final de la Libertadores. Lloré cuando Del Piero metió el 1 a 0 y cuando Ortega la reventó contra el palo en Japón… lloré cuando Villarreal metió el 5to penal en la semi del 2004, y ya había llorado cuando Nasuti había empatado con el último suspiro en el tiempo reglamentario.
Lloré con el River de Ramón del 2002 que era un lirismo futbolístico, que defendía con tres cuando nadie se animaba y jugaba lindo como nadie jugaba. Lloré con la vaselina de Rojas, con las muletas de Palermo, con la corrida de Pipino y con los goles de Berghessio el día del “silencio atroz”.
Lloré en la popu en la cancha de Estudiantes cuando veía volar a Aimar y Saviola y le ganamos 4 a 1 al Pincha de visitante, o cuando el Chacho la descoció y con Pellegrini en el banco ganamos 6 a 0 y el último gol ni lo grité porque ya no podía hacerlo.
Lloré en la popu de Gimnasia cuando no le encontrábamos la vuelta al partido y Ramón mandó a Cavenaghi para que faltando nada la mande a guardar. Lloré puteando a Lequi también, en la misma cancha aunque en otro partido, por inoperante y sangre fría.
Moqueé en la platea cuando Cedrés pateó al medio el penal en el minuto 90’ contra San Lorenzo en el 94’ y terminó el partido 1 a 1, y lloré la primera vez que pisé el Monu (en el 92) con un zapatazo de Medina Bello para ganarle a Newell’s.-
Francéscoli me hizo llorar con los tres amagues seguidos a Sotomayor en el 97’, cuando el propio defensor hace un gesto como diciendo “andá, hijo de puta, no te puedo marcar”. O cuando Salas me dejó afónico con el enganche contra el San Pablo para la Supercopa ése mismo año.
Lloré con el gol de Toresani a Argentinos en el 94’ para terminar campeones e invictos el torneo de la mano de Gallego. Y lloré con el segundo gol de Belgrano en Córdoba, y lloré con el penal que erró Pavone.
Llorar está bueno. Y River me hizo llorar mucho muchas veces. Por cosas buenas o por cosas tristes. En definitiva, por cosas que vale la pena llorar por el sentimiento que generan. Este River, el de los últimos 5 años, me hizo llorar por su muerte lenta, por su descomposición eterna que no terminaba de materializarse. Que parece haber tocado fondo hoy, pero que dadas las circunstancias es imposible saberlo.
Igualmente, River, mi River, tu River, el River de todos, va a volver a ser lo que fue. Y si hoy nos toca llorar de tristeza, hay que saber que es necesario hacerlo. Es necesario bancar la parada y es necesario hacerse fuerte ahora.
Que hablen los que quieran, y ojalá nunca bajen aquellos que nunca se fueron, porque ahí tenemos un punto a favor nosotros, los hinchas de River en serio. Ahí vamos a poder decirles, sin vergüenza y con el quore “No hablés. Nunca vas a poder demostrar tu amor por tu club porque nunca te fuiste a la B”… Porque estar siempre arriba denota grandeza, pero tocar fondo y resurgir te hace eterno. Y River es eterno. Por lo que fue, por lo que es, y por lo que va a ser.
River es eterno y tu sentimiento, el mío y el de todos, también.
Por eso, hoy más que nunca y con el quore en la mano, soy todo tuyo River Plate.

1 comentario:

  1. Que mal lo que paso con rivar. Tanta historia y se fue a segunda. Espero que pronto pueda volver a subir y verle en primera que es en realidad donde este equipo pertenece.

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